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Carta a los participantes de la Sociedad de Filósofos Autodidactas. Declaración de principios

Julián Suárez Mouriño ·

Estimados participantes de la Sociedad de Filósofos Autodidactas:

Quisiera manifestaros mi agradecimiento por vuestro apoyo.

Cuento ahora mismo con vuestros brazos, cuyo impulso ya noto, espero también contar algún día con vuestras mentes. Pero ello solo sucederá cuando comprendáis el sentido de este proyecto y podáis hacerlo entonces tan vuestro como ahora lo es mío.

Escribo las siguientes palabras con el fin de señalar un horizonte que deseo que algún día nos sea común.

Trabajar es tan necesario como indigno. Y no habrá jamás ni remuneración ni comodidad cotidiana alguna que ofrezca la misma dignidad que se deriva de una acción que se emprende gratuitamente.

Lo que haga la Sociedad lo hará porque hay algo que hacer que vale por sí mismo, no porque ganemos nada con ello.

Ojalá algún día podamos calcular las ganancias contantes y sonantes de una ciudadanía formada y comprometida con su condición de tal y podamos consecuentemente exclamar: ¡hemos ganado algo!

Hasta entonces será la pura pérdida de nuestro tiempo lo que contemos junto con una intangible sensación de dignidad.

Somos una sociedad sin ánimo de lucro que actúa como una fuerza educativa, que mana de un compromiso civil.

Civil en el sentido de ser uno responsablemente partícipe del mundo. Un compromiso que desatiende el mezquino prestigio de los intereses estrechos, remuneratorios; que actúa, pues, por el prestigio de una acción que importa por sí misma, sin intercambio ni contraprestación.

Nos prestigiaremos por el hecho privado de nuestro estudio y por la calidad de su fruto.

Las siguientes palabras de Rousseau, tomadas del Contrato Social, valen para nosotros:

«Se me preguntará si soy príncipe o legislador para escribir sobre política. Respondo que no, y que por eso escribo sobre política. Si fuese príncipe o legislador, no perdería mi tiempo en decir lo que hay que hacer: lo haría, o me callaría.»

Hay algo de político, de civil, en la Sociedad de Filósofos Autodidactas. Se trata, ciertamente, de un fenómeno político de retaguardia. Pero en esa retirada histórica nos conservamos, empero, como matriz política.

En la Modernidad, el mundo se pone bajo la responsabilidad del hombre y sobre sus hombros (Nietzsche). La moral debe esclarecer por sí misma sus límites (Kant). La ciencia penetra hacia la aniquilación formal de la naturaleza (Descartes). La política concita toda fuerza, pues una fuerza es a lo que se reduce la vida humana en general cuando no cabe juzgar la libertad con prejuicios morales. Entonces se la comprende neutralmente, o sea, precisamente como una fuerza (Hobbes). En todo caso, solo su orden consciente será, algún día, una humanidad (Marx).

La sociología copertenece al mecanicismo newtoniano. La teoría moderna deja de ser mera contemplación de la Obra para ser fundamento (Heidegger). La vida ingenua en el arte es cosa del pasado (Hölderlin).

La sociedad moderna no es natural, se fundamenta. La democracia, el estado de derecho, hasta la mismísima ciencia reclama su fundamento.

La existencia pasa a referirse a los medios intelectuales que la justifican ¿Qué es un español sin su ciudadanía? Un hecho natural irrelevante, tan irrelevante que resulta de hecho indefinible.

Por lo tanto, el conocimiento no es ya la opción del sabio, ni del técnico, sino el fundamento de una vida civil que se resiste a caer en la barbarie. Una resistencia que ha tocado pie con pared.

El ciudadano debe engarzar en su condición la joya del estudio y de la investigación “informal”.

Tal es el límite político de nuestra retirada, y tal es la fibra de la matriz que ojalá albergue algún día una generación capaz de resolver en la acción lo que apenas nosotros podamos delinear con el pensamiento.

Y, comprometidos con el pensamiento de nuestro mundo ¿qué forma adoptaremos? ¿por qué distanciarnos de las universidades y del circuito propiamente académico?

El sistema educativo es un órgano del metabolismo de las necesidades mundanas: ofrece células a la sociedad para que se reproduzca.

Ea, que lo haga. Nada, en principio, que objetar.

Solo que nosotros queremos ser, si me permitís decirlo así, una suerte de aristocracia. No vivir por vivir, sino si es digno; y no, entonces, reproducir, sino pensar acerca del fundamento de una vida digna.

El pensamiento interrumpe la acción, la detiene para examinarla.

Una universidad es, sin embargo, un conducto donde el pensamiento es tratado como el colesterol: síntoma del infarto, de la parada cardiaca de una vida que debe funcionar para el mercado.

El empuje de la revolución industrial es su sino. Pero nuestro sino es pensar todo empuje, que todo se detenga ante nuestros ojos ahora mismo. Y la Modernidad es su Dios, Modernidad cuya existencia nosotros queremos pensar en su fundamento.

Hay demasiadas “obligaciones familiares” en la universidad que calientan en exceso la frialdad del teorema y la explicación del fundamento. Etimológicamente, el teórico (θεωρός) es el que observa desde afuera. Desde dentro no hay perspectiva.

La perspectiva filosófica no debe, jamás, formalizarse.

Nosotros reivindicamos como patrón a Sócrates. Unidad de medida de nuestra identidad. Filósofo por los hechos, que no por derecho ¡qué grosería! No sentados en un despacho sino erguidos en la plaza e inclinados para oírla. Algo a la vez tan simple y difícil de ver como un grupo de ciudadanos en plena forma. Eso somos.

Nosotros reivindicamos el origen institucional de la Academia platónica tal que un círculo informal de filósofos. Vinculados por el compromiso civil asociado al estudio de la ciudad, no por el provecho “público”, nacional, o “privado”, mercantil, de su administración. Así nos organizaremos.

Quiero que seamos un ejemplo de las virtudes cívicas expresadas sin declaraciones pomposas, sino en el hecho cotidiano y silencioso de que, tras el trabajo, en eso que llamamos “tiempo libre”, que efectivamente lo seamos, libres, empleando tal tiempo en el ejercicio de nuestra libertad pensante, cuyo gimnasio es la biblioteca y cuyo certamen es la investigación, la clarificación de cuanto tengamos en mente.

¿Qué plan en concreto desplegará la Sociedad en un futuro? ¿Qué papel jugaréis vosotros? Es pronto para saberlo.

Ahora es momento de conocernos, de sumar apoyos y de reforzar las plataformas digitales desde las cuales nos proyectamos hacia ese futuro: www.sociedaddefilosofosautodidactas.org, y en YouTube el canal: Julián Suárez Mouriño.

De YouTube y, en un futuro, cuando haya un volumen suficiente de suscriptores, también de plataformas de streaming, es a fin de cuentas de donde deseo que provengan los ingresos que nos financien.

Quien os habla trabaja para que este proyecto se sufrague con el contenido de filosofía que se publica en aquel medio. Otras opciones no están por principio descartadas. En cualquier caso, ello requiere, por mi parte, cierto estudio de la situación.

Pero, sin tener todavía un plan detallado, sí puedo deciros, en definitiva, qué quiero.

En cuanto a su parte activa, no meramente sumatoria de apoyos, quiero una sociedad de individuos que, teniendo sus obligaciones profesionales, publiquen toda suerte de investigaciones homologables en calidad y rigor a las propias del circuito académico. Sabéis que este ya ha sido mi caso: https://revistas.upsa.es/index.php/cuadernossalmantinos/article/view/575

Que difundan gratuitamente cuanto saber posean: cursos gratuitos de filosofía, de griego, física, etc.

Que yergan espacios de discusión del más alto nivel sin interferencia de ningún poder.

Que defiendan la responsabilidad individual del estudio como aspiración integral, moral e intelectual, de una ciudadanía que valga tal nombre.

Sabed, por último, que nuestro canal de comunicación consiste actualmente en el que YouTube ofrece en la pestaña de Comunidad. A través de ahí podéis, por ejemplo, ayudarme con la construcción de la Biblioteca de la Sociedad, para la cual entenderéis que toda ayuda es poca.

Usad ese canal para cualquier comunicación, no ya conmigo, sino entre vosotros. Es, de hecho, preciso que empecemos a usarlo ya para conocernos y para valorar su comodidad, de la que no estoy, por cierto, todavía del todo seguro, pero que he tomado como primera opción debido a que el éxito de la Sociedad es a fin de cuentas indisociable del éxito del canal de YouTube.

Simplemente id a mi canal, pinchad en el botón de Comunidad y dadme vuestra valoración de esta carta, decidme quiénes sois (ayudadme con la Biblioteca, lo que sea), lo que escribáis será público a todos los suscriptores. Del mismo modo, si queréis saber si existe algún hilo ya abierto, solo tendréis que hacer lo propio y navegar después por las distintas publicaciones. En el momento en el que escribo estas líneas todas las publicaciones son todavía de mi puño y letra.

Creo que con esto ya he dicho lo suficiente.

Muchas gracias.

Autodidactas del mundo, uníos.

Julián.